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miércoles, 1 de marzo de 2017

CARLISMO Y MÚSICA CELESTIAL





He seguido el debate sobre el Museo de Lizarra y la actitud del carlismo en las matanzas del 36. No voy a repetir lo que venimos contando desde hace tres décadas. Fuimos pioneros en poner apellidos a cientos de matones. Sería pueril negar la responsabilidad de la dirección del carlismo navarro en la masacre de un territorio que dominaban, como tampoco puede negarse que en zonas de mayoría carlista fue donde menos fusilados hubo y que alcaldes de boina roja impidieron todo tipo de represalia.

            Tampoco se puede negar el antifranquismo de las bases carlistas desde los primeros momentos. El trabajo, aún inédito, de Ricardo Urrizola en los archivos militares, muestra que en todos los pueblos se dieron enfrentamientos, a tiros incluso, de carlistas contra falangistas y militares. El que en 1951 se diera en Iruñea la primera huelga general de la dictadura, solo se explica por ese malestar del carlismo que después de ganar una guerra en 100 años, se retiró a rumiar su decepción, su rabia y posiblemente, su remordimiento. La historia de EKA es hija de todo ello.

            Pero una cosa es aclarar las responsabilidades de 1936 y otra distinta es endosar al carlismo el protagonismo “al servicio de la reacción de los ciclos de violencia política más crueles registrados en Navarra entre 1833 y 1950”. Como provocación, pase, pero nada más. Para algunos, siempre es más fácil meterse con el carlismo que pedir la disolución de la Guardia Civil, verdadero terror en Navarra desde su llegada en 1844 para perseguir carlistas primero, quintos, comunaleros, pobres, rojos y separatistas después.

            El Carlismo fue mucho más y eso tampoco está reflejado en el Museo. Tuñón de Lara es uno de los historiadores que destacan el carácter popular de la rebelión carlista, “que viene a ser, ni más ni menos, que el primer signo de formación de una conciencia nacional”. Hasta el virrey de Navarra reconocía en 1834 ese carácter a la sublevación: “la guerra en Navarra es para aquellos habitantes una guerra nacional, y con corta diferencia lo es igualmente en las tres provincias exentas”.

            La jugada fue perfecta: el Ejército liberal, “de ocupación” se llamaba a sí mismo, arruinó a los pueblos que se vieron obligados a vender los comunales. Los ricos compraron a saldo. Navarra descubrió la privatización; el capitalismo. Liberal y rico se hicieron sinónimos. Entre 1860 y 1897 se enajenaron en Navarra 25.000 hectáreas de comunales, amén de derechos de hierbas, molinos, dulas y trujales. Es ahí donde está el origen de las masacres del 36, y de eso no tuvo la culpa el carlismo, sino el capitalismo liberal. Recuerdo la resistencia de mi pueblo por tener que vender el molino comunal, donde todos molían gratis, por el argumento “progresista” de que tenía que tener un dueño. Y además, el servicio militar, estancos, cédulas personales, maestros castellanos, funcionarios, Guardia Civil, fronteras en el Pirineo... Es posible que el carlismo popular vasco no supiera adónde dirigirse (hacia la “independencia de las provincias” apuntaron ya algunas voces) pero tenían muy claro a dónde no querían ir.

            Y a fe que en algunos pueblos consiguieron frenar el despojo. En Artajona todo el pueblo compró sus propios comunales y la Sociedad de Corralizas garantizó gratuitamente hasta la electricidad, demostrando que existían otras opciones al capitalismo acaparador. En Olite, donde les habían robado 7.000 hectáreas comunales, el carlismo, con mucha sangre jornalera en las calles, mantuvo una experiencia cooperativa sin precedentes con Caja Rural, Electra, Harinera, Trilladora, Cine y Casa infantil. Era el “socialismo blanco”, o “rural”, como lo llamó Unamuno.

            La Revolución rusa fue el paradigna que animó a los pobres a pedir tierra y libertad al margen de legitimidades dinásticas. Siempre me ha sorprendido la falta de interés de nuestro mundo académico por un fenómeno tan evidente: el desembarco masivo en muchos lugares de Navarra del carlismo al anarquismo primero y al socialismo después. Y la relación parental que hay entre los voluntarios carlistas decimonónicos, los comunaleros amotinados durante la Restauración y los jornaleros fusilados en 1936. Cuando el ejército del general Concha cruzó el Ebro, amenazó al pueblo de Lodosa con arrasarlo por carlista. Setenta años más tarde lo arrasaron por rojo. Colás, el líder anarquista fusilado, era hijo de un jefe carlista. Azcárate, el último fusilado de Olite, era hijo de Galo, el mítico comunalero carlista. En Allo, el círculo carlista acordó en asamblea convertirse en Ateneo Libertario y fueron fusilados en el 36. Estirando la paradoja, si en el siglo XIX sus abuelos no hubieran recuperado de forma tan inteligente su comunal, posiblemente los 40 de Artajona hubieran sido fusilados por rojos, como ocurrió en tantos lugares donde el robo de los comunales proletarizó al campesinado.

            Luego, ya es sabido. Del frondoso árbol del carlismo se fueron desprendiendo ramas, una al nacionalismo (Sabino Arana era hijo de carlista) otra al socialismo (Dolores Ibarruri también). Otros se mantuvieron a la espera, hasta la llegada de la izquierda abertzale. Yo hace mucho que entendí por qué mi bisabuelo, jornalero, se fue a pelear con Radica, se sublevó contra las quintas y acabó en la guerra de Cuba. Por qué luego mi abuelo, jornalero también, quemó fascales, tiró piedras contra los corraliceros y acabó en la UGT. Y por qué somos astillas del mismo palo. Quien trepe un poco por su árbol genealógico encontrará nidos similares.

            Para algunos historiadores, el carlismo es la “expresión de la conciencia nacional vasca en el siglo XIX”. Pero también lo es como incipiente conciencia de clase y ejemplo de resistencia popular. Y de esto tampoco habla el Museo de Lizarra.

Jose Mari Esparza Zabalegi



miércoles, 22 de febrero de 2017

DE ESPALDAS A LOS CIUDADANOS Y A LOS PUEBLOS

         

 En el transcurso de una conferencia titulada  "Cataluña en la Unión Europea del siglo XXI"  impartida ante un auditorio de unos sesenta estudiantes  de la Universidad Autónoma de Madrid; el ex-presidente de la Generalitat, Artur Mas, manifestaba que entre el independentismo y la situación actual "puede existir una tercera posibilidad pero que la tiene que proponer el estado, no el gobierno".

            Tal manifestación ha levantado grandes expectativas en el mundo informativo y también en el gobierno que preside el señor Rajoy el cual, según ha difundido tanto la televisión pública como Radio Nacional de España, tiene un total de cuarenta y cinco propuestas para realizar a Cataluña que permitan reconducir el proceso independentista hacia la legalidad vigente.

            Esta información objetiva plantea ciertas cuestiones no insignificantes que merecen un mínimo análisis.

            En primer lugar, surge la cuestión de quienes pueden ser los interlocutores válidos para mantener unas conversaciones entre Cataluña y el Estado central que desbloquee la actual situación. Si en el caso del Estado central está claro quiénes pueden ser esos interlocutores que podría ser cualquier enviado especial designado por el Gobierno apoyado en último extremo en la legalidad vigente, en el caso de la Generalitat de Cataluña no está claro quién podría ser ese interlocutor porque siendo el más lógico el actual presidente de la Generalitat , Carles Puigdemont, es de tener muy en cuenta que ocupa el cargo con el apoyo de varias fuerzas políticas (ERC, CUP) precisamente para pilotar el proceso independentista, no para desmontar el mismo por lo que el precitado interlocutor carece completamente de cualquier capacidad negociadora real que no sea la de acordar con el Estado la celebración de un referéndum o un reconocimiento de independencia pudiendo ocurrir que si tratase cualquier otra cuestión se enfrentase a una moción de censura del parlamento catalán que le depusiese de la Presidencia con lo que Cataluña se quedaría sin representante en la negociación.

            En segundo lugar se plantea la cuestión de fondo que es sobre lo que se va a negociar. Aquí hay que tener muy claro que el parlamento catalán ha sido elegido en unas elecciones democráticas tras una campaña electoral en que los partidos que han obtenido el apoyo mayoritario de los ciudadanos catalanes pedían y prometían la independencia configurándose de este modo una mayoría parlamentaria partidaria de la secesión y que ya ha dado pasos legislativos en ese sentido. Así pues surge la pregunta de ¿A qué tipo de acuerdo se puede llegar?. 

Las respuestas a esta pregunta pueden ser dos y las marca la pura lógica. La primera respuesta es que ambas partes negociadoras se pongan de acuerdo en un punto medio en la forma y en los tiempos de proceder a la independencia, lo que implicaría que el estado aceptaría, de una u otra forma, la ruptura constitucional después de haber santificado la Constitución de 1978 hasta el segundo antes de su ruptura y la segunda respuesta implica que ambas partes se pongan de acuerdo en un punto medio en el que el estado aceptaría una reforma constitucional para otorgar mayor peso político y mayor autonomía a  Cataluña en España hasta el extremo de llegar a una especie de "poder dual" similar al existente en el Imperio Austro-Húngaro mientras que, por su parte, Cataluña renunciaría a ir más lejos, es decir, renunciaría a la independencia.

            Estando fuera del ámbito del presente artículo el analizar el por qué no es lógico que el actual gobierno pacte el modo y los tiempos de la independencia de una parte del territorio y el por qué resulta prácticamente imposible constituir un estado dual "Madrid-Barcelona" similar al "Viena-Budapest" existente en el imperio Austro-Húngaro, queda por poner de manifiesto dos importantes cuestiones que las posibles respuestas a estas dos preguntas hacen aflorar.

            Primeramente resulta muy difícil, si no imposible, negociar con una parte que cada vez que llega a un acuerdo siempre lo considera provisional en virtud del principio "Rebus Sic Stantibus" y un simple medio para conseguir ir más allá unos años más tarde, es decir, estando la situación política y, sobre todo, sociológica en Cataluña como está actualmente nada implica que el acuerdo al que se pudiera llegar fuera definitivo y dentro de un tiempo prudencial no volviera a surgir de nuevo la cuestión de la independencia. Por último, y probablemente lo más grave por marcar  definitiva tendencia, es que curiosamente en este país donde todo el mundo clama con vehemencia por la transparencia, la democracia y la participación ciudadana resulta que es posible que el gobierno de la nación y los políticos catalanes estén dispuestos a transigir en sus respectivas posiciones irrenunciables, que son las que precisamente les han granjeado el apoyo electoral manifestado en unas elecciones democráticas, en unas supuestas negociaciones que se estarían llevando a cabo de espaldas a los ciudadanos y a los pueblos de Las Españas.

            Desde "El Chouan Ibérico" no nos cansaremos de repetir que en este país no existe un "problema catalán" en España sino un "problema español" que es existencial y que entronca con la visión de Las Españas como un ideal permanentemente traicionado. El problema es muy grave pero no irresoluble y la solución al mismo parte de reconocer los fracasos e iniciar un pleno y nuevo proceso constituyente que mostrando una clara voluntad integradora de todos y cada uno de los pueblos que integran Las Españas en un estado común permita a los catalanes expresarse libremente si desean o no participar en ese nuevo proceso constituyente y formar parte de ese estado común que pudiera surgir del mismo.


El Cristo Negro de Montejurra

El Cristo Negro de Montejurra
El Chouan Ibérico se suma a la iniciativa de la bitácora “Reflexión Crítica” y esta imagen estará presente en “El Chouan” mientras no cese la campaña contra los católicos en España.

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