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domingo, 23 de noviembre de 2008

LA GRAVE CUESTIÓN DE REPSOL


La noticia de que la empresa rusa Lukoil desea comprar las acciones que la inmobiliaria Sacyr y la Caixa tienen en REPSOL pone de manifiesto la debilidad y el carácter de la economía española

La Clase empresarial española, solo es capaz de hacer inversiones allí donde el riesgo es mínimo, la amortización es rápida y donde se pueden obtener ganancias descomunales con una inversión mínima. Los empresarios españoles, desmerecedores de este nombre, no son capaces de crear riqueza sostenible ni tienen visión de oportunidad ni miras de futuro como prueba, por el ejemplo, el hecho que de tras la caída de la URSS no entrasen en el mercado ex soviético para participar en la industria aeroespacial rusa. Ahora, muestra de esta incapacidad, que vamos a pagar todos los ciudadanos españoles, es su actual repliegue del sector energético aunque sea a costa de abandonar en las peores manos posibles una de las más grandes empresas españolas.

La entrada de Lukoil en REPSOL, no solo afecta a un sector económico estratégico de nuestro país, sino que además afecta a la seguridad pública y ciudadana porque puede cambiar radicalmente, a todavía peor, la forma de hacer negocios y de entender la actividad económica en España pues Lukoil es una empresa a la que se le atribuyen contactos con el crimen organizado ruso nacido de la desintegración de la URSS. Todo ello sin contar con que el cambio de bandera de la empresa española puede llevar a justificar la nacionalización, y por tanto la pérdida, de los activos de la misma en Iberoamérica con los problemas económicos que ello acarrearía.

Es necesario, más aún es imprescindible, que el Gobierno actúe impidiendo que la empresa rusa se haga con ningún porcentaje de las acciones de REPSOL. Para ello puede y debe acudir a la nacionalización de la multinacional, lo cual además sería coherente con las constantes manifestaciones del líder socialista y actual presidente del gobierno al respecto de la economía del libre mercado.

Por su parte, los vocingleros de la oposición, que consideran que ya han hecho su labor criticando la manifiesta pasividad del ejecutivo socialista cayendo en total contradicción con su férrea defensa del neoliberalismo, podrían tomar la iniciativa de hacer una suscripción pública entre todos los ciudadanos para comprar las acciones que, de REPSOL, posee Sacyr y la Caixa, aunque considerando el bajo nivel político de todos los líderes populares y su base social, la única iniciativa de este tipo que estarían dispuestos a emprender sería una suscripción popular para comprar un barquito a Su Excelencia el Jefe del Estado.

En fin… Los unos por los otros la casa por barrer y la economía española más comprometida y más a la deriva.


¡¡¡IMPIDAMOS QUE REPSOL CAIGA EN MALAS MANOS!!!


¡¡¡NACIONALIZACIÓN DE REPSOL, YA!!!


O, ANTE LA PASIVIDAD DEL ESTADO Y SUS INSTITUCIONES:


¡¡¡INICIEMOS UNA SUSCRIPCIÓN POPULAR PARA COMPRAR A SACYR Y A LA CAIXA SUS ACCIONES EN REPSOL!!!

viernes, 21 de noviembre de 2008

DESATINOS ANTES DE MORATINOS. LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA

EI actual Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, resulta extremadamente controvertido por todos los sectores políticos menos por el propio como es lógico por su mas que hilarante, patético, hacer en la Política Exterior de España ignorando dichos sectores dos cosas completamente ciertas: la primera, que un Ministro de Asuntos Exteriores no hace, ni crea, ni mantiene una política independiente de las directrices marcadas por el Presidente del Gobierno (Primer Ministro o Canciller, en los Estados serios) y la segunda, que el señor Ministro no hace otra cosa que sostener la tradición instaurada en la política exterior de España desde hace unos doscientos años y que consiste en NO tener política exterior.

Una política exterior a diferencia de cualquier otra política como la económica, la sanitaria o la educativa, obedece a unos principios fundamentales y a unas directrices muy claramente marcadas que deben ser constantes y siempre respetadas con independencia de los gobiernos que se sucedan en el poder. Así en nuestro país y ya desde los tiempos de Fernando VII existía la muy mala costumbre de cambiar de política exterior con cada monarca o con cada régimen político para terminar, en tiempos presentes, cambiando de política exterior con cada gobierno lo que genera una incertidumbre y una total ausencia de continuidad en nuestras relaciones exteriores con peligrosos periodos de ignorado aislamiento internacional.

Desde mediados del siglo XIX, los países de nuestro entorno Europeo y Occidental teorizaron sobre la política internacional y crearon importantes tratados sobre el tema que, fijados sobre estados concretos, constituyeron y constituyen verdaderos manuales de política exterior cuya puesta en práctica se mantiene hasta el día de hoy. Dichos manuales están integrados o bien por volúmenes teóricos de geopolítica o bien por memorias y hechos de los grandes actores políticos del siglo XIX e incluso XVIII como Catalina II, Napoleón, Gladstone, Bismarck y otros muchos. Así por ejemplo, toda la política exterior norteamericana se basa en dos pilares teóricos: "Ia Doctrina Monroe" y el libro del Capitán Thayer Mahan "EI poder naval en la Historia" e igualmente la política internacional Alemana se basa en el libro "Politik" de Karl Haushofer y, con errores y aciertos, en los hechos de Bismarck resultando estúpido pensar por ejemplo que el tratado Ribbentrop-Molotov de 1939 fue el acuerdo amistoso de dos dictadores sanguinarios cuando en realidad se trataba de un acuerdo entre dos hombres de Estado uno de los cuales (Hitler) emulaba a Bismarck y otro de ellos (Stalin) hacia lo propio con Catalina II o que el actual "Eje Berlín-Paris" es un intento de favorecer la Unidad Europea cuando en realidad se trata de un cambio de "punto de apoyo" en la política exterior alemana que con Bismarck se basaba en una alianza con Rusia, con Guillermo II en una alianza con Austria-Hungría y en la actualidad se sostiene sobre una alianza con Francia.

Por su parte, España, no ha hecho otra cosa que dar estúpidos y constantes bandazos en política exterior que de no haber generado grandes sufrimientos y tragedias seria digna de inspirar el argumento de una comedia cinematográfica de Berlanga. En este sentido es al mismo tiempo justa y lamentable recordar que antes de que el actual representante hispano en el exterior recorriera el mundo con una cartera llena de chistes de Lepe para mayor goce y entretenimiento de los asistentes a las conferencias internacionales han existido en la política internacional de España situaciones paradójicas de patética rememoración siendo las mas interesantes de mencionar las que brevemente a continuación se relacionan:

La primera sería la postura adoptada durante las Guerras Napoleónicas en la que España interviene primero suscribiendo una alianza con Napoleón I contra la Gran Bretaña para ulteriormente cambiar de bando uniéndose a esta contra el Imperio Francés anticipándose mas de un siglo a lo que posteriormente haría Italia en ambas guerras mundiales pero con la sustancial diferencia de no obtener ningún beneficio con la mudanza y todo ello a pesar de los extraordinarios emolumentos pagados a Talleyrand para que favoreciera los intereses españoles en el Congreso de Viena (1).

Posteriormente nos encontramos con la política exterior española desarrollada durante la I Guerra Mundial en la que una vez mas el ruedo ibérico se convirtió en una pista de circo de tercera clase (2). Durante dicha contienda de 1914-1918 la postura española no fue ni pro ni contra ni ambigua sino que simplemente no fue. Por un lado se encontraban los llamados germanófilos, partidarios de los Imperios Centrales, los cuales afirmaban que una victoria alemana haría que el Kaiser forzara a Inglaterra a devolver Gibraltar y a Francia a entregar Marruecos, claro esta que es muy dudoso que a Alemania, que tan solo quince años antes había intentado invadir las posesiones españolas en el Pacifico, Ia interesaran los asuntos de España pero sin duda alguna, si el Emperador de Alemania y el Rey de Prusia hubiera tenido que favorecer una política que no hubiera sido francesa en Marruecos, esta política hubiera sido exclusivamente una política Alemana como prueban los antecedentes de la crisis de Tánger en 1902. Por otro lado, pero no menos convencidos de la realidad de los cuentos de Hadas se encontraban los aliadófilos partidarios de la Entente (cuyo representante máximo era el Conde de Romanones) los cuales sostenían que la victoria de Inglaterra y Francia apoyados tímidamente por una especie de "neutralidad beligerante" española favorecería la reintegración de Gibraltar y la ocupación efectiva del Ifni, territorio cedido a España "a perpetuidad" por el tratado de Tetuán de 1860, y a la que se oponía Francia. Evidentemente los hechos posteriores están ahí: la Entente venció, Gibraltar sigue siendo ingles y el Ifni no se ocupó hasta 1934 con ya bien entrada la II Republica.

Como último ejemplo del desastre internacional de nuestra política exterior es de mencionar lo acaecido durante la última contienda mundial de 1939 a 1945. Durante este conflicto la actitud política hispana fue propia de un ludópata sin suerte o de un tahúr de timba cabileña, pues como las mismas autoridades del régimen imperante afirmaban, la guerra mundial no era una guerra "sino tres: una existente entre Alemania y las democracias occidentales en las que España es neutral, otra la existente entre Alemania y la Unión Soviética en la que España es claramente pro Alemana y la tercera y ultima la existente entre Japón y las democracias occidentales en la que España es pro aliada". En fin, los hechos vuelven a ser nítidos: como si de jugar a la lotería se tratase, la política exterior española en el conflicto se basó en apostar a todos los números y, aun siendo matemáticamente imposible, no obtuvo premio alguno.

Hay que esperar a finales de los años cuarenta para que el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Jordana de Pozas, elaborara unas directrices fundamentales que se basaban en tres ejes alrededor de los cuales debía girar la política exterior de España: el Magreb, Europa e Hispanoamérica, sin embargo desde el principio, en los dos primeros "ejes" la política desarrollada por España siempre estuvo sometida a los criterios franceses quienes favorecieron la instauración de la dinastía Alauita en Marruecos en perjuicio de los derechos nacionales del pueblo Rifeño primero y del Saharaui después y bloquearon todo intento español por adherirse a las instituciones europeas hasta 1986 (3) mientras que en el "eje" de Hispanoamérica la política exterior española ha andado siempre a medio camino entre lo folklórico y lo caritativo para finalmente, en la actualidad, estar prácticamente privatizada y sometida a los intereses puramente crematísticos de las grandes empresas y multinacionales españolas que actúan en el Cono Sur americano.

Con todo esto la actitud del Ministro Moratinos no es peor que la de otros antecesores suyos y lo único verdaderamente criticable y lamentable es la ausencia total de una política exterior orientada a lo que se orienta toda política exterior, esto es: a defender los intereses propios ante las instituciones internacionales o supranacionales, a crear el concepto de existencia como Gran Potencia y a fomentar alianzas o tratados que claramente generen beneficios políticos y comerciales y en que no se comprometa seriamente la libertad de acción en materia internacional.


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1 Es de recordar que a pesar de figurar entre las potencias vencedoras de Napoleón Bonaparte y de tratarse en el Congreso de Viena distintas cuestiones entre las que se encontraba un reajuste de fronteras y reclamaciones territoriales, España, que tan solo veinte años antes había sostenido contra la Convención Francesa la "Guerra del Rosellón" o "Guerra Gran" se olvido de formular cualquier reclamación sobre este territorio irredento que atendiendo a las circunstancias de Francia bien podría haberse conseguido su reintegración.

2 Como anécdota de lo mucho que Ia importaban a las potencias en conflicto los "asuntos de España" y lo inteligente de nuestra política internacional podemos mencionar el suceso acaecido con el submarino alemán U-35 mandando por Lothar von Arnaud de la Sapiere que arribo al puerto de Cartagena a finales de Julio de 1916 donde hizo entrega al mando militar de una maqueta del submarino que aun puede verse en el museo del ejército y de una carta del Kaiser para Alfonso (llamado el XIII) en la que Ie agradecía el trato dispensado a los soldados alemanes de Camerún internados en Guinea Ecuatorial. Tras las veinticuatro horas de favor que tienen los buques beligerantes en los puertos neutrales en las que el submarino fue visitado por las autoridades civiles y militares y sus oficiales obsequiados por las mismas, el U-35 abandono Cartagena para nada mas salir del puerto, hundir un buque mercante español (Anécdota tomada del libro "Los Submarinos Alemanes en la Gran Guerra" de Cristino Castro viejo. Editorial Almena).

3 EI sometimiento de la política exterior española a Francia en el Magreb se refleja no solo en el hecho de la admisión de la dinastía Alauita en el trono de Marruecos sino en el propio proceso "descolonizador" en la que España renuncio a independizar por su cuenta el territorio del Rif cosa que hubiera sido notablemente beneficioso a los intereses hispanos en el Magreb y se mantuvo en posesión del Ifni simplemente por el interés francés, llegando incluso a recibir ayuda de la aviación francesa en la IIamada "Guerra del Ifni" que bombardeaba desde sus bases en Argelia.

viernes, 14 de noviembre de 2008

¡1914! LAS VANGUARDIAS Y LA GRAN GUERRA

Bajo este nombre y coincidiendo, este mes de noviembre, con el noventa aniversario del armisticio de 1918, el Museo Thyssen Bornemisza en colaboración con la Fundación Caja Madrid han inaugurado en Madrid una exposición que muestra la influencia que los acontecimientos históricos de los primeros años del Siglo XX tuvieron en el arte y la visión que los artistas de vanguardia plasmaron en su obra del desgarro europeo que supuso la Gran Guerra.

Próximo a conmemorarse el primer centenario del inicio de aquella locura ya es hora de que las instituciones públicas y privadas empiecen a dar a conocer aquel gran conflicto bélico injustamente eclipsado por si hija mayor, la Segunda Guerra Mundial, y que siendo “la guerra que iba a acabar con todas las guerras” se convirtió, tras los tratados de paz de 1919, en el origen de todos los conflictos posteriores y de los muchos y graves problemas internacionales que padece la humanidad en la actualidad.

La exposición reúne fundamentalmente obras pictóricas de diversos artistas de los países beligerantes que reflejan los distintos estilos artísticos imperantes en el primer tercio del Siglo XX, desde el primitivismo ruso de Natalia Gocharova al cubismo y surrealismo pasando por el futurismo. Igualmente hay presencia en la exposición, aunque escasa, de la escultura y de la literatura debiéndose mencionar algunas páginas escritas en las trincheras por Apollinaire (1880 - 1918) que representan los primeros poemas que más tarde serían reunidos y publicados en un volumen con el título de “caligramas”, precursores de la escritura automática y el famoso poema “Tengo una cita con la Muerte “ de Alan Seeger (1888 – 1916) que resume en unos pocos versos toda la incompetencia militar y estupidez de una guerra que hizo que cientos de miles de hombres tuvieran que vivir durante meses a dos metros bajo tierra saliendo a la superficie solo para morir.

La exposición aunque pequeña, cumple perfectamente con su función cultural y didáctica y aunque se echa de menos una mayor presencia de otras ramas del arte como la literatura y la escultura así como de los numerosos bajorrelieves plasmados en las medallas realizadas en toda clase de metales por grabadores como el alemán Karl Götz y los franceses Chaplain y Dropsy, precursores ambos del Arc Decó, es digna de visitarse y estará abierta al público hasta el 11 de Enero del 2009 en la Sala de Exposiciones de Caja Madrid y en el propio Museo Thyssen.

Quiero aclarar que la foto que acompaña al presente artículo, es el “Retrato como Soldado” de Otto Dix que puede verse en la exposición y que para que sirva de reflexión reproduzco el precitado poema de Seeger “Tengo una Cita con la Muerte”:

Tengo una cita con la muerte
en una trágica trinchera.
Cuando retorna primavera
regando flores en su viaje,
tengo una cita con la Muerte
bajo su límpido celaje.

Quizá me tome de las manos
y me conduzca a sus arcanos,
ahogando párpados y aliento;
quizá yo mismo pase inerte.
Tengo una cita con la Muerte
sobre un alud penoso y lento,
cuando retorna primavera
regando flores por doquiera.

Dios sabe cuánto más me agrada
entre la seda perfumada,
dormir de amores al impulso,
soplo con soplo, pulso a pulso,
donde hay amenos despertares.
Mas tengo cita con la Muerte,
en noche tétrica y macabra,
cuando se incendian los hogares
y primavera resucita…
y siendo fiel a mi palabra,
no he de faltar a nuestra cita!

viernes, 7 de noviembre de 2008

ESPAÑA Y LA PARÁBOLA DE LA CARROZA

Un precioso día de primavera, nuestro protagonista, de nombre desconocido y al que llamaremos “K”, por ser kafkiana letra como kafkiana puede ser esta historia; coronaba, tras un esfuerzo ligero, una loma lo suficientemente alta para divisar un bonito paisaje repleto de cimas y de valles cuando a los pies de la misma descubrió un grupo de gente esforzándose por sacar un carro de una vaguada a la que las recientes lluvias y deshielos habían convertido en una fangosa ciénaga.

“K” se apresuró a descender para sumarse a los esforzados seres empeñados en la noble tarea de liberar el carro del viscoso elemento cuando vislumbró que no era un carro lo que allí se encontraba preso sino una antigua carroza que aún conservaba vestigios de su pasada grandeza y hermosura, que sin duda recuperaría completamente tras las oportunas tareas de limpieza y reparación.

Sin pensárselo dos veces y lleno de entusiasmo, “K” se sumo al grupo humano que empujaban la carroza desde la parte trasera de la misma hacia la salida de la vaguada. Los trabajos colectivos que se hacían por sacar la carroza del barro dibujaban una obra pictórica del más puro romanticismo a la que se sumaban los gritos de ánimo y los jadeos provocados por los esfuerzos; más la carroza no solo no se movía lo más mínimo sino que, incluso de forma imperceptible, parecía un poco más hundida en el fango. A pesar de todo, las labores continuaban sin cesar.

“K” empujaba y empujaba, el barro ocultaba completamente su calzado y salpicaba toda su ropa, pero nada le hacía desistir de la libremente asumida tarea no percatándose de que nueva gente se sumaba a los intentos por sacar la carroza del fango mientras que otros, hartos ya de tanto trabajo estéril, los abandonaban retomando su camino.

En un instante en que “K” dejó de empujar para retomar el aliento y limpiarse con su pañuelo el sudor de la frente y el barro que ya le llegaba al rostro, echo una mirada escrutadora al grupo de sus esforzados compañeros de trabajo dándose cuenta de que había mucho de apariencia en la escena de la que era coprotagonista pues detecto que en el grupo no existía una finalidad homogénea. Y es que, efectivamente, en el grupo humano que rodeaba la carroza había unos que se sacrificaban hasta extremos heroicos para arrancar al fango su presa llegando incluso a sucumbir hundidos en el mismo, otros simplemente gritaban y gemían apoyados sobre algún punto de la carroza fingiendo un esfuerzo que realmente no realizaban, otros contrarrestaban con muy mala fe el esfuerzo de los primeros empujando en dirección contraria con igual fuerza e incluso había unos que se habían subido a la carroza instalándose cómodamente en ella, incrementando así el peso de la misma y aprovechándose del descuido de todos los demás para sustraerles las bolsas de dinero y otros efectos de valor.

“K”, se puso a gritar intentando organizar todo aquello. Animaba a los que hacían los mayores esfuerzos, a redoblarlos; recriminaba a los que fingían exhortándoles a empujar la carroza, intentaba organizar a los que hacían contra fuerza para que su trabajo fuera productivo y beneficioso para todos y ordenaba a los que estaban encaramados en la carroza que bajasen de ella devolviendo todo lo que habían robado, pero nadie le hacía caso y todos seguían a lo suyo sin orden ni concierto desoyendo todo consejo. Solo de vez en cuando, como si de un constante goteo se tratase, varias personas se marchaban abandonando el trabajo al tiempo que otras nuevas se incorporaban a él.

Habían transcurrido casi doce horas desde que “K” se había incorporado al grupo que rodeaba la carroza cuando fatigado, totalmente enfangado hasta llegar a confundirse con el suelo, rota su voz de tanto vocear animando y organizando inútilmente y viendo como algunos de los que empujaban animosamente dejaban de hacerlo para empezar a engrosar las filas de los que disimulaban o de los que contrarrestaban todo esfuerzo, o incluso, a intentar subirse al carruaje, abandonó hastiado los trabajos para seguir su camino dirigiéndose a la loma que estaba frente a aquella de la que provenía. Empezó a subir por su falda cuando, volviéndose, dirigió una última mirada a la carroza y al grupo que la rodeaban viendo que algunas personas habían abandonando el trabajo siguiéndole, al tiempo que otras nuevas llegaban prestas a ayudar ocupando el lugar que aquellos abandonaban. Mientras tanto la carroza seguía allí sin moverse ni un ápice, imperceptiblemente más hundida en el fango y solo sostenida en la superficie de la tierra por los esfuerzos renovados que aportaban los nuevos voluntarios que se incorporaban a los trabajos todo lo cual hizo pensar a “K” que mientras todo siguiera así las personas de buena fe tendrían la ilusión de sacar del fango a la carroza, pero qué esta jamás saldría de él y su supervivencia, que no ya la restauración en su antiguo esplendor, tan solo dependía del mantenimiento del frágil equilibrio de fuerzas existente que, de momento, se lograba gracias a la incorporación de las nuevas gentes de buena voluntad que sustituían a las que ya, experimentadas y desilusionadas, abandonaban por imposible todo trabajo. No obstante tal equilibrio de fuerzas no duraría eternamente y un momento llegaría en que se quebraría con las consiguientes consecuencias fatales para la carroza y para todos aquellos que la rodeaban pues al ser, de una u otra manera, el único punto de apoyo de todos ellos desaparecerían con ella arrastrados hasta lo más profundo de la ciénaga.

Esta es la parábola de la carroza…. Quien quiera entender que entienda que para el buen entendedor pocas palabras bastan y estas ya son concretamente 960, es decir, muchas.

sábado, 1 de noviembre de 2008

JUAN VAN HALEN: EL TRIPLE TRAIDOR

Con el ya cansino motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia y como era de esperar han proliferado las reediciones ediciones de conocidas y clásicas obras sobre la historia de aquellos acontecimientos como “Los Episodios Nacionales” de Galdós o “Historia del Levantamiento de España” del Conde de Toreno, pero también se han publicado otras obras biográficas o autobiográficas de personajes decimonónicos con motivo de presentarlos al gran público como paladines de la nación y de la libertad. Dentro de tal marco pseudos propagandístico y hagiográfico se ha de enmarcar la publicación de las “Memorias” del general Juan Van Halen por la editorial Devenir de Madrid.

Aunque la edición de las “Memorias” de Van Halen que presenta la editorial es extremadamente cuidada rozando el lujo de las antiguas joyas bibliográficas no deja de ser lamentable el sacrificio del más pequeño e insignificante de los árboles para dar a conocer las “Memorias” de semejante personaje.

Fue Juan Van Halen un espadón de segunda fila de entre los muchos que nos proporcionó el Siglo XIX español y cuyo aura de liberal defensor de la Constitución de Cádiz le valieron la fama y la fortuna en el pasado y el reconocimiento en el presente siendo todo ello tan inmerecido como injusto.

Juan Van Halen (1788-1864) nacido en Cádiz en el seno de una acomodada familia de origen holandés cursó estudios militares de los que se graduó como guardiamarina de la Armada Española en 1803 tomando parte, dos años más tarde, en la batalla de Trafalgar como subrigadier en la fragata Magdalena. El 2 de Mayo de 1808 le sorprende en Madrid, participando activamente en la lucha callejera contra el invasor francés y en la defensa del cuartel de Monteleón donde es herido.

Tras la batalla de Rioseco, se retira con el resto del ejército hacia Galicia recibiendo en El Ferrol el mando del cañonero Estrago con el que apoya la defensa terrestre de la plaza hasta su rendición en Enero de 1809. En esta fecha y apresado por las tropas francesas se le da a elegir entre servir a José Bonaparte o ser fusilado optando el “héroe” de la nación española por la primera opción.

Desde que Juan Van Halen se convierte en “Josefino” (soldado español al servicio de José Bonaparte) no deja de ascender en el ejército enemigo como prueba el hecho de que, nombrado oficial de la Caballería de la Grandee Armee, acude como invitado en París al bautizo del hijo de Napoleón al que llega a conocer en persona y a rendirle pleitesía. Los reveses sucesivos pero no decisivos que sufren los franceses en la Península Ibérica no le apartan de su lealtad al francés siguiendo fiel no se sabe bien si a José Bonaparte o a su equipaje hasta la batalla de Vitoria en 1812. En 1813, cuando la derrota de los ejércitos franceses en España ya es totalmente segura no duda ni un instante en desertar del ejército imperial y en pasarse nuevamente al bando español consiguiendo en 1814 mediante traición la entrega de las plazas ocupadas por los franceses de Lérida, Mequinenza y Monzón.

Tras la guerra de la independencia y seguramente por la mala imagen que debió dar su actitud tan voluble durante la misma no debió lograr los reconocimientos que su desorbitado ego requería y mostrándose una vez más como un soldado de fortuna, tras la fortuna recorrió el mundo, yendo en 1819 a engrosar las filas del muy amigo de las libertades ejército imperial ruso donde alcanza el grado de Teniente General durante la campaña sostenida contra los tártaros destacando en la batalla de Joserek (1820) donde es condecorado con las cruces de San Vladimir y San Jorge. En 1821, abandona Rusia y regresa a España donde las posibilidades de enriquecimiento y medro personal que le abre el pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan el año anterior le evita mostrar su carácter humanista y liberal en la represión de los Decembristas en 1825.

Tal es el hombre, tal es el “héroe” del liberalismo español y tal es el “patriota” Juan Van Halen, un triple traidor que no dudó en traicionar a sus compatriotas que derramaban la sangre frente al francés por salvar su vida para después traicionar a su Rey José I, de quien tantos reconocimientos y favores obtuvo, por seguir conservando sus charreteras para finalmente, no haber dudado en traicionar a sus “hermanos liberales rusos” si el “Autócrata de Todas las Rusias”, Alejandro I, le hubiera concedido unas verstas de terreno y unos cuantos mujiks sobre los que descargar el látigo.

No obstante la vida y los hechos de Juan Van Halen deben conocerse porque su personalidad constituye el prototipo de hombre que lleva doscientos años encarnando y encaramándose en las Instituciones Españolas, sirviéndose del país y de su pueblo para su propio beneficio y que no conoce más nación que su propia persona ni más política que su propia economía.

El Cristo Negro de Montejurra

El Cristo Negro de Montejurra
El Chouan Ibérico se suma a la iniciativa de la bitácora “Reflexión Crítica” y esta imagen estará presente en “El Chouan” mientras no cese la campaña contra los católicos en España.

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