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miércoles, 12 de abril de 2017

EL BREXIT, GIBRALTAR, ESPAÑA Y... ¡¡LA MADRE QUÉ LOS PARIÓ!!!





            Con motivo de la activación del Brexit por parte de la Gran Bretaña la semana pasada se ha producido cierto duelo retórico entre las autoridades inglesas y las españolas a causa del Peñón de Gibraltar.

            Desde el lado español y objetivamente analizado, el tema de Gibraltar se está convirtiendo en una recurrente cantinela que, al igual que el tema de la independencia de Cataluña, se eleva a la alta condición de monserga provocadora de un enorme aburrimiento en el personal carpetovetónico, aunque lo cierto es que no por ello deja de reflejar ciertas carencias del estado español.

            Al estado español le sobran complejos y le falta visión de la realidad respecto al tema de Gibraltar. Gibraltar no es ni ha sido nunca un enclave estratégico fundamental para el control del Estrecho como nos quieren hacer creer y como prueba de ello tenemos el hecho de que durante las dos guerras mundiales no impidiera la entrada y salida del Mediterráneo de los submarinos alemanes. En el "Memorial de Santa Helena" Napoleón I dijo que Gibraltar "no es la puerta ni la llave de nada, el Peñón de Gibraltar solo es para Inglaterra una forma de humillar a España". Así pues, respecto a esa "humillación" de Gibraltar habría que aplicar aquello de "no hay mejor desprecio que no hacer aprecio" y para ello nada mejor que remitirse exclusivamente a lo dispuesto en el Tratado de Utrecht y en las resoluciones de la ONU, pero en vez de eso el Estado Español desde los años ochenta del pasado siglo ha aceptado hacer del Peñón de Gibraltar una moneda de cambio en su patética política europea y, a las pruebas nos remitimos, no le ha salido bien.

            La política española de reivindicación de la Soberanía sobre el robado Peñón de Gibraltar ha sido siempre una manifestación muy clara de un "Quiero pero no puedo". Para demostrar este "Quiero pero no puedo" no es necesario remitirse a los dos fracasados intentos militares para recuperar la roca llevados a cabo durante el Siglo XVIII sino que basta con recordar la política del año 1969 que además del cierre de la verja y la interrupción de las comunicaciones terrestres entre el peñón y la península comprendía importantes inversiones públicas en la Línea de la Concepción a fin de convertirla en un escaparate de prosperidad que fuera la envidia de los gibraltareños. La idea no es que fuera buena, sino que era excelente de haberse llevado a cabo correctamente porque además que generar, con el cierre de la verja, incomodidades a los gibraltareños y enormes gastos a la Corona Británica presentaría a la Línea de la Concepción, y más ampliamente al Campo de Gibraltar, como una próspera zona económica donde un Gibraltar reintegrado a la soberanía española quedaría integrado, pero las "gigantescas" inversiones públicas quedaron reducidas a la construcción de una plaza de toros y a un enorme (creo que el más grande de toda España) campo de fútbol lo cual además de demostrar nuevamente el "quiero pero no puedo" resultaba, simplemente, ridículo.

            Después, en diciembre de 1982, con la reapertura de la verja los complejos, el error, el ridículo y el "quiero pero no puedo" fueron la base de la política europea española y, por ende, la base de la política exterior respecto a Gibraltar hasta el momento actual.

            La salida del Reino Unido de la Gran Bretaña de la Unión Europea más que un duro golpe a la construcción europea supone un importante revés para la economía española.  Tanto en Londres como en Bruselas, la pertenencia de Inglaterra a la Unión Europea siempre se ha visto como algo provisional lo que permitirá que la ruptura con Europa sea poco traumática para la zona Euro en general salvo para el caso concreto de España al haber sido el único estado en toda Europa que jamás quiso ver esta realidad por lo que el Brexit afectará más negativamente a España que a cualquier otro país europeo.

El cierre de la verja debería ir acompañado de una política económica propia para Campo de Gibraltar
El Brexiit genera directamente a España tres graves problemas que son: 1º. La situación de los españoles residentes en el Reino Unido que son unos cien mil, 2º La situación de los ciudadanos británicos en nuestro país que suman unos trescientos mil y 3º La frontera sur con el territorio ocupado por Inglaterra y que pasa a ser el territorio extra comunitario de Gibraltar.

            Considerando que la inmensa mayoría de los residentes españoles en el Reino Unido son emigrantes que de no vivir allí integrarían las listas del desempleo aquí y que los residentes británicos en España suelen ser personas a las que la propaganda institucional se ha encargado de atribuir la generación de riqueza  podemos hacernos una idea de la magnitud del problema. No obstante, si bien es cierto que la emigración española hacia la Gran Bretaña alivia la presión sobre las listas del paro, es muy dudoso que los residentes británicos en España generen tanta riqueza como nos quieren hacer pensar porque la inmensa mayoría de ellos son jubilados que disfrutan en nuestro país de toda las infraestructuras sanitarias y asistenciales a las cuales no han contribuido a construir y que deben su "gran poder adquisitivo" a las diferencias en el nivel de precios entre la Gran Bretaña y España ya que la pensión que perciben de su país les permite considerarse clase "media alta" en España mientras que si vivieran en su país solo serían "clase media" o "clase media baja" (1).

            Frente a este problema, el gobierno del Partido Popular, seguido por todos las fuerzas parlamentarias parece instalado en la improvisación, el complejo, la debilidad y la estupidez llegándose a proponer conceder la doble nacionalidad a los residentes británicos en España lo que, además de devaluar más aun si cabe la nacionalidad española, deja en posición de inferioridad a España en la futura negociación sobre la situación de los españoles en el Reino Unido (2).

            El gobierno español no puede proponer ni permitir que los residentes británicos en España adquieran la doble nacionalidad mientras que no se solucione la cuestión de los ciudadanos españoles en la Gran Bretaña y tampoco puede vincularla a la situación del Peñón de Gibraltar. Una cosa es la situación de Gibraltar y otra diferente la cuestión de los españoles residentes en la Gran Bretaña y en este tema nada mejor que aplicar estrictamente el principio de reciprocidad, pero el gobierno español parece no atreverse al no haber dejado siquiera entrever tal posibilidad.

            Por lo que respecta a Gibraltar, España se encuentra con el siguiente problema: Gibraltar es un paraíso fiscal que vive sobretodo del contrabando y del blanqueo de capitales pero que a su vez genera unos treinta mil puestos de trabajo directos para ciudadanos españoles y que ha conseguido que la economía de todo el Campo de Gibraltar dependa en gran medida de él por lo que el mero retorno a la situación anterior a la reapertura de la verja en 1982 podría perjudicar seriamente la economía de nuestro país si éste no es lo suficientemente inteligente (y parece no serlo) de llevar a cabo una adecuada política específica para la comarca del Campo de Gibraltar que comprendiese tanto grandes inversiones públicas a fin desarrollarla económicamente como su conversión en territorio de especial fiscalidad a fin de restarle atractivo a las inversiones en el territorio ocupado por Inglaterra.

            A pesar de la batería de medidas que puede tomar cualquier gobierno español ante la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea para mitigar los efectos negativos, es de temer que se siga instalado en la tontería, en lo políticamente correcto, en la claudicación y en la humillación. De momento, la misma semana que el ex-presidente del gobierno José María Aznar se refería en un programa televisivo a la Gran Bretaña como un gran país, importantes personajes de esta potencia insular nos insultaban y amenazaban y ni el actual Ministro de Exteriores fue capaz de llamar al Palacio de Santa Cruz al Embajador Británico en Madrid a fin de que diera explicaciones ni el Presidente del Gobierno y del Partido Popular fue capaz de que el anterior presidente de su partido se mordiera la lengua. Desde luego las altas jerarquías de la casta política española exigen en el interior que se les considere "autoridad" pero están demostrando carecer de dignidad.










(1) Es de considerar que el sistema asistencial y el sistema público de salud de nuestro país no han sido levantados en una sola generación y si bien se puede decir que la generación que hoy ronda los cincuenta años de edad algo ha aportado a los mismos, la contribución mayor y quienes realmente han creado la sanidad pública en España han sido la generación de los abuelos y padres de los que, precisamente hoy, rondan los cincuenta años de edad.

(2) Además, ya puestos y visto que el gobierno con la nacionalidad hace lo que le viene en gana ¿Por qué no dársela a los 58 millones de británicos que viven en las islas británicas?. Así el Brexit quedaría vacío de contenido real por la obra y milagro de San Mariano Rajoy.

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